El alma de la persona es como una semilla que fue sepultada por la tierra al ser sembrada. Lucha en la oscuridad, emerge su tallo subiendo hacia el espacio exterior, crece, florece, da fruto. Lo mismo el alma, lucha contra la oscuridad existencial, tratando de emerger
ante todos los desafíos que se le presentan, para crecer, florecer, dar frutos y volver a reunirse con el Creador